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Desigualdad en el Campo, Pendiente de la Nación.

Discurso pronunciado por Luis Gomez Garay, dirigente de la UGOCP en la ceremonia del 99 Aniversario de la Promulgacion de la Ley Agraria de 1915, a nombre de las organizaciones del Congreso Agrario Permanente de Veracruz

 

Las organizaciones campesinas integrantes del Congreso Agrario Permanente de Veracruz, acudimos a este acto, ante la figura imponente de Don Venustiano Carranza para conmemorar el XCIX Aniversario de la Ley Agraria promulgada por el Primer Jefe del Ejercito Constitucionalista, en este histórico Edificio Faros el 6 de enero de 1915.

 

Una Ley Agraria que recogía los anhelos de justicia social y reivindicación agraria por los que habían peleado los campesinos mexicanos en el levantamiento revolucionario de 1910 en contra de un gobierno despótico porfirista que los mantenía en la miseria, en la inequidad, en la marginación, en la desigualdad y les expropiaba palmo a palmo las tierras que desde tiempo coloniales se les reconocían como parte de las comunidades y sustento de las familias rurales.

 

Una Ley Agraria que frenó las injusticias propiciadas por el Porfirismo, que bajo el pretexto de la modernidad, la industrialización nacional y la plena ocupación productiva de las tierras, permitió el despojo de millones de hectáreas a las comunidades indígenas amparados en la Ley de Ocupación y Traslado de Terrenos Baldíos de 1894 cuya aplicación originó grandes, inmensos latifundios, a beneficio de grandes compañías extranjeras a costa de la exclusión económica y social de millones de campesinos que poco a poco fueron relegados a la pobreza y el abandono.

 

La política porfirista de desarrollo económico del campo, sin campesinos fue el germen para que doce años después estallara el primer movimiento revolucionario del siglo XX, con reivindicaciones de sentido profundamente agrario y de justicia social.

 

La Ley Agraria de 1915, escrita por la mente brillante de Luis Cabrera, fundamentada en el diagnóstico preciso del campo mexicano realizado en 1909 por Andrés Molina Enríquez, recogía las demandas de los campesinos ya reflejados en el Plan de San Luis de Francisco I. Madero de 1910 y en el Plan de Ayala de Emiliano Zapata de 1911.

 

Por ello, la Ley Agraria promulgada por Don Venustiano Carranza, concebía al ejido no solo un sistema de tenencia de la tierra, sino que en su génesis, concebía la acción agraria como la reparación de una injusticia sistemáticamente aplicada a los pobladores rurales por un gobierno centralista y despótico como el Porfirista.

 

La Ley Agraria de 1915 y la incorporación de sus postulados en la Constitución de 1917, fueron el marco jurídico mediante el cual en México se inició el proceso de restitución de tierras a los campesinos, creándose la Comisión Nacional Agraria, las Comisiones Locales Agrarias y los Comités Particulares Agrarios que durante años fueron soporte fundamental de la Reforma Agraria en nuestro país.

 

Es en la Constitución de 1917 donde se reconoce la propiedad originaria de México sobre el territorio nacional.

En la riqueza de nuestra historia se preserva la identidad de nuestra nación, el desconocimiento de la historia puede llevar a cometer los mismos errores trágicos que en el pasado han lastimado a la población.

 

Un desconocimiento de la historia como la que tenían aquellos que gobernaron a México en los últimos años, aquellos que nunca entendieron o fueron hostiles a la reivindicación agrarista de la Revolución Mexicana y que lisa y llanamente se propusieron desaparecer la Reforma Agraria en el 2009.

 

Aquellos que profundizaron la desigualdad económica en el campo y sumieron a los campesinos en la crisis y en la pobreza.

 

Nos queda claro que el desarrollo del país, pese a los promotores del regreso al latifundismo, no podrá hacerse sin los campesinos.

 

Por ello, nos manifestamos en contra de la iniciativa de ley que en los últimos momentos de su mandato el Expresidente Felipe Calderón sometió al Senado de la Republica para modificar la Ley Agraria y aperturar el mercado de tierras ejidales en nuestro país. Consideramos que en un entorno económico adverso para el campo, dicha iniciativa podría hacer crecer el latifundismo y desplazar a miles de pobladores rurales desheredados hacia las ciudades.

 

Señoras y Señores

 

El México de nuestro tiempo, hoy inmerso en un complejo proceso de globalización que pareciera desdibujar las fronteras de los países, ha transitado un largo camino para consolidarse como Nación, recogiendo a cada paso la herencia de sus gestas históricas.

 

Hoy, la Constitución Política, marco jurídico normativo de las relaciones de nuestra sociedad, tiene su génesis en la lucha de los campesinos mexicanos, en los agraristas del amanecer del siglo XX, en la demanda ineludible de igualdad y justicia social.

 

El México de nuestro tiempo ha perfeccionado cada vez mas esos conceptos en su constitución política, reconociendo el derecho de todos los mexicanos a una nación independiente, soberana, justa e igualitaria para todos.

 

La justicia social y el desarrollo rural incluyente e igualitario sigue siendo para los hombres del campo, a casi un siglo de la Ley Agraria de 1915, el reto de frente a la nación. No podemos hablar de igualdad frente a los millones de hombres y mujeres del campo en situación de pobreza patrimonial o alimentaria.

 

El México de nuestros días, tiene el enorme reto de crear una política integral de atención al desarrollo de las comunidades y ejidos de nuestro país, que hoy representan más de 70 millones de hectáreas de propiedad social, más de 31,500 núcleos agrarios y cuyo ámbito de competencia afecta la vida de más de una tercera parte de la población rural de México.

 

En elMéxico de nuestros días, donde convive y trabaja la cuarta parte de la fuerza laboral del país y donde se produce menos del 4 por ciento de Producto Interno Bruto Nacional, el reto es superar la pobreza e integrar al desarrollo nacional a los hombres del campo.

 

En el México de nuestros días, donde en las diferentes regiones, campesinos y productores cultivan la tierra utilizando sistemas de trabajo e instrumentos de labranza rudimentarios, tiene el enorme reto de impulsar la inversión, la productividad y el desarrollo tecnológico.

 

En el México de nuestros días donde nuestra soberanía alimentaria se compromete todos los días frente a al brutal impacto de las importaciones en el mercado interno, el reto es fortalecer nuestra producción alimentaria desde las parcelas de los campesinos.

 

Por eso, sostenemos que México demanda una nueva revolución de las ideas, de las actitudes, del conformismo, de generar una política económica que genere una distribución más justa de la riqueza y genere más oportunidades de desarrollo para los todos mexicanos.

 

Superar la pobreza, la inseguridad y la falta de oportunidades que originan la desigualdad, es retos de todos.

Por ello las organizaciones campesinas hemos propuesto y vamos a seguir proponiendo un Nuevo Pacto Rural para el desarrollo del campo donde abramos la puerta al desarrollo y el progreso de nuestras comunidades, necesitamos un nuevo acuerdo que abra la puerta de prosperidad al campo, que genere nuevas oportunidades de desarrollo para los jóvenes, que integre a los mexicanos del campo, al desarrollo nacional, que haga que los campos, verdes y majestuosos produzcan los alimentos que la patria necesita para la soberanía nacional.

 

Por ello, las organizaciones campesinas integradas al Congreso Agrario Permanente de Veracruz al acudir a este acto conmemorativo de la Ley Agraria de 1915, lo hacemos comprometidos a aportar lo mejor de nosotros mismos para construir un México cada vez más justo, cada vez mas libre, cada vez más soberano, y, de ninguna manera menos importante, cada vez más igualitario.

 

Muchas Gracias.

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