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En el Centenario de la Ley Agraria de 1915

 

Este 6 de enero se conmemora el Primer Centenario de La Ley Agraria de 1915 promulgada por Venustiano Carranza entonces Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Encargado del Poder Ejecutivo de la República, como resultado de la demanda fundamental de los campesinos de respeto a la integridad de las comunidades agrarias y en contra de la desigualdad social que por décadas los había condenado a la miseria y la marginación.

 

Una Ley Agraria que, en el fragor de la lucha de las facciones revolucionarias, busco incorporar la demanda de justicia social y reivindicación agraria por los que habían peleado los campesinos mexicanos en el levantamiento revolucionario de 1910 en contra de un gobierno despótico porfirista que los mantenía en la miseria, en la inequidad, en la marginación, en la desigualdad y les expropiaba palmo a palmo las tierras que desde tiempo coloniales se les reconocían como parte de las comunidades y sustento de las familias rurales.

 

Una Ley Agraria que, bajo la presión de los campesinos mexicanos, reconoció las injusticias propiciadas por el Porfirismo, que bajo el pretexto de la modernidad, la industrialización nacional y la plena ocupación productiva de las tierras, permitió el despojo de millones de hectáreas a las comunidades indígenas amparados en la Ley de Ocupación y Traslado de Terrenos Baldíos de 1894 y cuya aplicación originó grandes, inmensos latifundios, a beneficio de grandes compañías extranjeras a costa de la exclusión económica y social de millones de campesinos que poco a poco fueron relegados a la pobreza y el abandono.

 

La política porfirista de desarrollo económico del campo, sin campesinos fue el germen para que doce años después estallara el primer movimiento revolucionario del siglo XX, con reivindicaciones de sentido profundamente agrario y de justicia social.

 

La Ley Agraria de 1915, escrita por la mente brillante de Luis Cabrera y fundamentada en el diagnóstico preciso del campo mexicano realizado en 1909 por Andrés Molina Enríquez, recogía las demandas de los campesinos ya reflejados en el Plan de San Luis de Francisco I. Madero de 1910 y en el Plan de Ayala de Emiliano Zapata de 1911.

 

Por ello, la Ley Agraria de 1915 promulgada por Don Venustiano Carranza, en su génesis, concebía la acción agraria como la reparación de una injusticia sistemáticamente aplicada a los pobladores rurales por un gobierno centralista y despótico como el Porfirista.

 

La Ley Agraria de 1915 y la incorporación de sus postulados en la Constitución de 1917, fueron el marco jurídico mediante el cual en México se inició el proceso de restitución de tierras a los campesinos, creándose la Comisión Nacional Agraria, las Comisiones Locales Agrarias y los Comités Particulares Agrarios que durante años fueron soporte fundamental de la Reforma Agraria en nuestro país. Significo el reconocimiento en nuestra constitución del carácter originario de nuestro país sobre su territorio y el reconocimiento a la propiedad social de las comunidades y ejidos sobre más de la mitad del territorio nacional.

 

Por ello, es importante esa Ley Agraria, a cien años de su promulgación.

 

En la riqueza de nuestra historia se preserva la identidad de nuestra nación, el desconocimiento de la historia puede llevar a cometer los mismos errores trágicos que en el pasado han lastimado a la población.

 

Un desconocimiento de la historia como la que tenían aquellos que gobernaron a México por décadas y que nunca entendieron o fueron hostiles a la reivindicación agrarista de la Revolución Mexicana y que lisa y llanamente se propusieron modificar el sentido agrarista de nuestra constitución en 1994 o desaparecer la Secretaria de la Reforma Agraria en el 2009 o modificar las bases de la Ley Agraria para abrir el mercado de tierras en los ejidos y comunidades del país y reeditar la historia del latifundismo que durante el Porfirismo excluyo social y económicamente a los campesinos mexicanos.

 

Son los mismos que han profundizado la desigualdad económica en el campo y sumido a los campesinos en la crisis y en la pobreza bajo la filosofía del libre mercado.

 

México tiene claro que el desarrollo del país, pese a los promotores del regreso al latifundismo, no podrá hacerse sin los campesinos.

 

El México de nuestro tiempo, hoy inmerso en un complejo proceso de globalización que pareciera desdibujar las fronteras de los países, ha transitado un largo camino para consolidarse como Nación, recogiendo a cada paso la herencia de sus gestas históricas.

 

Hoy, la Constitución Política, marco jurídico normativo de las relaciones de nuestra sociedad, tiene su génesis en la lucha de los campesinos mexicanos, en los agraristas del amanecer del siglo XX, en la demanda ineludible de igualdad y justicia social.

 

Sin embargo, la justicia social y el desarrollo rural incluyente e igualitario sigue siendo para los hombres del campo, en el Centenario de la Ley Agraria de 1915, un gran pendiente de la nación y una afrenta frente a los ideales de justicia social por la cual millones y millones de hombres y mujeres vertieron su sangre durante la gran lucha revolucionaria. Frente a la Nación, No podemos hablar de igualdad y justicia social mientras millones de hombres y mujeres del campo se encuentran en situación de pobreza patrimonial o alimentaria.

 

En el México de nuestros días, nuestra nación tiene el enorme reto de crear una política integral de atención al desarrollo de las comunidades y ejidos de nuestro país, que hoy representan más de 100 millones de hectáreas de propiedad social, más del 51 por ciento del territorio de nuestro país y donde se asientan más de 31,500 núcleos agrarios y afectando la vida de más de una tercera parte de la población de México.

 

En el México de nuestros días, donde convive y trabaja la cuarta parte de la fuerza laboral del país y donde se produce menos del 4 por ciento de Producto Interno Bruto Nacional, el reto es superar la pobreza e integrar al desarrollo nacional a los hombres del campo.

 

En el México de nuestros días, donde en las diferentes regiones, campesinos y productores cultivan la tierra utilizando sistemas de trabajo e instrumentos de labranza rudimentarios, tiene el enorme reto de impulsar la inversión, la productividad y el desarrollo tecnológico.

 

En el México de nuestros días donde nuestra soberanía alimentaria se compromete todos los días frente al brutal impacto de las importaciones en el mercado interno, el reto es fortalecer nuestra producción alimentaria desde las parcelas de los campesinos.

 

Por eso, los campesinos mexicanos demandamos una nueva estrategia de desarrollo para el campo que bajo una nueva visión de política económica fomente el desarrollo armónico de la sociedad rural, generando una distribución más justa de la riqueza y más oportunidades de desarrollo para los todos mexicanos.

 

Superar la pobreza, la inseguridad y la falta de oportunidades que originan la desigualdad, es retos de todos.

 

Por ello las organizaciones campesinas demandamos la Reforma Estructural para el Campo, integral, incluyente, democrática y progresista que abra la puerta al desarrollo y el progreso de nuestras comunidades.

 

Necesitamos una Reforma que abra la puerta de prosperidad al campo, que genere nuevas oportunidades de desarrollo para los jóvenes, que integre a los mexicanos del campo, al desarrollo nacional, que haga que los campos, verdes y majestuosos produzcan los alimentos que la patria necesita para la soberanía nacional.

 

Por ello, las organizaciones campesinas consideramos que en el marco de los grandes rezagos de desarrollo social, económico y productivo que se abaten sobre el campo hoy en día, la conmemoración del Centenario de la Ley Agraria es también el centenario de los grandes pendientes de país con sus campesinos.

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